CUENTO DE HADAS
EFEBOTRON 3º
Puedes encontrar los primeros capítulos de EFEBOTRON aquí:
CAZAFANTASMAS: Cuento de hadas
En la zona más accidentada de la costa de Los Santos, un agitado mar cantábrico golpea con fuerza el rompeolas que protege la ciudad.
En estos lares norteños están acostumbrados a las inclemencias meteorológicas; aun así, este ventoso martes nublado no es muy propio del presente mes de agosto.
Germán mira el reloj, por enésima vez, e intenta calibrar su dilatada espera. Se siente extraño: nervios, nostalgia, miedo, impaciencia, esperanza…
“¿Qué son diez minutos
después de más de veinte años?”
Con motivo de arreglar el papeleo resultante de la muerte de su padre, ha quedado para reunirse con su hermano Jorge. El sitio elegido no es aleatorio, pues aquí se finiquitó su truculenta amistad a raíz de una ardua discusión donde salieron a la luz demasiados trapos sucios y demasiada mugre fraterna.
Sintiendo las leves salpicaduras marítimas en su cara, Germán suspira muy hondo. Ha dejado de andar de un lado al otro para apoyarse en esa barandilla de piedra gastada que tantas décadas lleva protegiendo a los peatones ocasionales de los peligros de aquel pequeño abismo costero.
Ensimismado, nota la empatía del mal tiempo mimetizándose con su abrupto estado de ánimo.
“Por lo visto, mi zona de confort
abarca todo aquello que no
tenga que ver con el ayer”
Ha aprendido a desenvolverse con soltura y entereza en multitud de escenarios hostiles: en los negocios, en los juzgados, en sus retos físicos, en el esfuerzo de su constante aprendizaje…
Pero, cada vez que se enfrenta al pasado, le sobreviene una flojera amedrentada que resucita sus pretéritas inseguridades.
Inesperadamente, alguien le aborda a su espalda:
JORGE: Germán.GERMÁN: Jorge, ya empezaba a pensar que no aparecerías.JORGE: Lo siento. He tenido que atender un asuntillo de última hora y…GERMÁN: No te preocupes. No voy con prisas.JORGE: Ya veo… … Dime: ¿por qué elegiste, precisamente, este sitio?GERMÁN: Me pareció bien retomarlo donde lo dejamos.JORGE: ¿Es que quieres seguir con nuestra discusión?GERMÁN: No, no. No. Creo que no quedó nada en el tintero, ese último día.JORGE: Sí. Dijimos demasiadas cosas; aunque lo peor fueron las formas.GERMÁN: Creo que podemos pasar página; aparcar el pasado y hablar del presente.JORGE: Sí… … Acompáñame. Vivo muy cerca de aquí.
Los años no han tratado bien a Jorge. Sobrepeso, calvicie, arrugas, encorvamiento…
Es el fiel contrapunto al buen envejecer de su hermano pequeño. Su éxito laboral tampoco es muy boyante; no en vano, la herencia que está a punto de recibir ni siquiera cubrirá la totalidad de sus deudas.
Mientras andan por la calle, camino a su casa, Jorge se fija en la elegante figura corpulenta de Germán y le golpea el pecho.
JORGE: ¿Es que te has hecho culturista? ¿Dónde está el enclenque de mi hermanito?GERMÁN: Ese era Gërmen Fecal: encarnación de la debilidad acomplejada. Como Peter Parker o Bruce Wayne, me he convertido en alguien diferente.JORGE: ¿Eres un superhéroe? Vaya tela. Eso es algo que has conservado de tu niñez. Recuerdo tus colecciones de comics y tu afición por todos aquellos
personajes sobrenaturales. Pensé que ya lo habrías dejado atrás.GERMÁN: De lo que tuve, retuve… … Tú, en cambio, eres como Superman: naciste ya con superpoderes, pero te has vuelto todo un Clark Kent.JORGE: Ese, por lo menos, seguía teniendo pelo y no estaba gordo cuando se quitaba la capa y dejaba de combatir a los malos. Y dime: ¿cuál es tu supernombre?GERMÁN: Te lo podría decir, pero, entonces… … tendría que matarte.JORGE: No recordaba que fueras tan chistoso. ¿Será verdad que has cambiado?GERMÁN: Te lo puedo asegurar… … ¿Y tú? Salta a la vista que ya no estás tan en forma, pero ¿todavía ligas tanto o ya has encontrado a tu criptonita?JORGE: Mi criptonita se llama Silvia y me espera en casa. Ahora la conocerás.GERMÁN: ¿Finalmente te casaste?JORGE: En el año dosmil. Dios mío. Parece que fuera ayer. !Cómo pasa el tiempo!GERMÁN: ¿Tuviste hijos?JORGE: Tres niñas. Y yo que solo quería un hijo varón.GERMÁN: Treees… … Me siento el peor hermano del mundo.
El divorcio de Germán con su familia ha sido total y absoluto a lo largo de las dos últimas décadas. Ese gélido silencio parental se prolongó hasta el día de la noticiable muerte de don Arturo.
Después de andar unos minutos, comentando distintos aspectos de sus vidas sin profundizar demasiado, los hermanos Barreño se adentran en el portal de un edificio grisáceo de grandes dimensiones para llegar a la puerta del ascensor.
JORGE: ¿Una casa en primera línea de mar? ¿De veras?GERMÁN: Sí. Es de nueva construcción, lujosa, tecnológica… pero fría y vacía.JORGE: ¿Nunca has intentado formar una familia?GERMÁN: No. Como cualquier superheroe que se precie, soy un tipo solitario.JORGE: ¿Qué me dices de Robin?GERMÁN: Robin solo era un sparring dialéctico para dar fluidez a la narrativa.JORGE: Y… … ¿cómo era?… … ¿Mary Jane?GERMÁN: Ella solo adquiere trascendencia como a elemento desestabilizador: cuando Peter no puede tenerla, cuando la secuestra el malo, cuando tienen crisis…JORGE: Claro. Ella no tiene superpoderes. No querrás que formen equipo.
Mientras ascienden hasta la planta superior, continúan con esa frívola charla dándole matices metafóricos.
GERMÁN: ¿El villano de mi vida?… … No sé. ¿Te acuerdas de Fabio Aguilar?JORGE: Ese tipo te dio bien, ¿eh?… … Siento no haber tomado cartas en el asunto.GERMÁN: Tú estabas en la cúspide de la popularidad. ¿Para qué ensuciarte las manos?JORGE: ¿Vas a volver a fustigarme con eso? ¿No habíamos pasado página? Ya fuera del ascensor, Germán sonríe condescendientemente.
“Jorge tiene razón: hace mucho tiempo de aquello; demasiado”
Cuando entran en el piso, la charla se vuelve convulsa:
GERMÁN: Ya pasé cuentas con él. Me ha denunciado, pero no tiene base.JORGE: Esperaespera… … ¿Qué?… … ¿Es que le diste de hostias a Fabio?GERMÁN: Noooh… … Ni siquiera le vi cuando volví a Villaloda.JORGE: ¿Entonces? ¿Qué hiciste para que ese tipo quiera llevarte a juicio?GERMÁN: Nada que él pueda demost...SILIVIA: ¿Quién va a ir a juicio?
Ambos enmudecen en cuanto Silvia hace acto de presencia. Se trata de una mujer amable que le dedica la mejor sonrisa a su cuñado como muestra de bienvenida.
Tras unos protocolarios besos, Germán no puede evitar sentir una relativa decepción al ver a esa mujer de mediana edad: escueta estatura, rollizo perfil, melena castaña y lisa, atuendos de andar por casa…
“¿Qué es lo que esperaba?
¿Una modelo de casi cincuenta?
Ya no estamos en el instituto”
Jorge solía conseguir a las chicas más guapas en su juventud. Era un Casanova que hacía rabiar de celos a su hermano menor, pero la presente realidad poco tiene que ver con la de esos días.
GERMÁN: Nada, nada. No nos hagas caso. Estábamos de broma.SILVIA: A ver si, ahora que por fin te conozco, tendremos que ir a visitarte a la cárcel. Tras esa mujer, se asoma, tímidamente, una niña de tres años.
-Hola, pequeña- dice Germán mientras se inclina para sortear a Silvia.
-Es muy vergonzosa- le aclara Jorge desde un segundo plano.
-Mira, Emma- le dice Silvia con tono infantil -Este es tu tío; el hermano de tu padre-
-¿Dónde están las otras?- pregunta el invitado, lleno de curiosidad.
-Leire está en música- contesta la mujer -Tiene ocho años-
-Y Belinda… … vete tú a saber- admite el hombre de la casa, resignado.
-¿Es la mayor?- se interesa Germán.
-Sí, sí- le contesta Jorge -Acaba de cumplir quince. No creo que llegues a verla, hoy-
-Mira las fotos- sugiere Silvia -Estas de aquí son las más recientes-
Germán obedece a su anfitriona y ojea las imágenes enmarcadas que cuelgan de la pared del salón. La calidez familiar que se ilustra en unas amorosas instantáneas rebosantes de complicidad, amenaza la posición ventajosa que ese atento espectador creía tener respecto a cualquier comparativa referente al contexto vital de su hermano.
“Tengo mejor planta y me veo más bien, soy muy
rico y exitoso; pero en el fondo de mi corazón...”
La envidia incipiente de Germán se interrumpe en cuanto ve una foto donde Belinda sale especialmente favorecida.
SILVIA: Esta es de hace poco, de cuando fuimos al parque temático.
Belinda está muy ilusionada a raíz de su flamante noviazgo. Narciso es su primera pareja formal, y, aunque no llevan ni un mes, espera poder consolidar dicha relación, pues le parece estar viviendo un verdadero cuento de hadas.
Sentada en una abstracta escultura de piedra, en medio de la Plaza de los Álamos, escucha los argumentos de su amiga, quien intenta devolverla a la realidad de esta soleada mañana.
ROMINA: “Siempre” es una palabra muy grande, tía.BELINDA: Ya verás. Cuando estemos en el asilo, te recordaré esta conversación.ROMINA: Apuesto a que, antes de que acabe el año, ya no estaréis juntos.BELINDA: !Buf!… … Menudo disparate. Pero ¿no ves lo bien que estamos?ROMINA: Sí, y no me creo que vuestra empalagosidad sea garantía de nada.BELINDA: Envidia es lo que tienes, perra.ROMINA: No lo digo por ti. No me fio de Narciso. Es un poco… … fantasma, ¿no?BELINDA: Es algo vacilón, nada más. Forma parte de su sentido del humor.ROMINA: Me da a mí que es más presumido que tú y yo juntas.BELINDA: Alah. Si nos pasamos el día haciéndonos selfis y mirándonos en el espejo.ROMINA: Es que no es para menos. ¿Tú nos has visto? Deberíamos estar en un museo.
A esa jovencita no le falta razón. Tanto ella como su amiga son dos de las chicas más hermosas de Los Santos; no obstante, es Belinda quien se lleva la palma.
Su corta estatura y sus pechos pequeños no empañan una desmedida belleza adolescente que haría palidecer de envidia a cualquier mujer que haya alcanzado la fama en la gran pantalla, andando por la pasarela o posando ante los fotógrafos de las mejores revistas.
ROMINA: Espero que ese tío de verdad te merezca.BELINDA: Él tampoco tiene desperdicio.ROMINA: No me refiero solo a su físico cuando hablo de sus méritos.BELINDA: Ya lo sé, pero siempre ayuda. Es muy competitivo, eso sí; demasiado.ROMINA: Entonces, espero que se dé cuenta de que tú eres su mayor triunfo.BELINDA: Más le vale tenerlo presente. No… … te digo que es un tío alucinante.
Belinda es una niña ñoña y muy romántica. Tiende a idealizar a los chicos que le gustan y, aunque nunca se ha enamorado de verdad, cree haber encontrado ya a su príncipe azul.
Lo que la chica ignora es que su fervor radica en el personaje más que en la persona.
En un error que suelen cometer personas inmaduras de todas las edades, se siente prendada de Narciso más por el hecho de que sea su novio que por el valor, el encanto o la calidad humana que puedan diferenciarle del resto de hombres que andan sobre la faz de La Tierra.
ROMINA: Ah, por cierto: ¿conociste a tu tío perdido ayer?BELINDA: No, qué va. Llegué tarde a casa y ya se había ido.ROMINA: Joh. Por un día, podrías haberte desenganchado de Narciso.BELINDA: Pareces mi madre, pero tienes razón. Aunque lo de mi padre es más grave. ¿Tú te crees? Más de veinte años sin hablarse con su hermano. Cuando pienso en Emma y en Leire… Me dejas veinte años sin verlas y… buff.ROMINA: Ni siquiera habíamos nacido tú y yo… … flipa.
Desde una distancia prudencial, Germán permanece al acecho. Su discreta ubicación le ha permitido observar a su joven sobrina durante un buen rato, pero, ahora que ella y su amiga se van, descarta una persecución, y opta por encaminarse hacia su hotel.
Ya en ruta, ese acosador de nueva cuña se ve reflejado en un escaparate. Se detiene y, mirándose a los ojos, le parece reconocer a un desequilibrado mental.
“¿Qué es lo que estoy haciendo?
Debería haber vuelto a San Fierro en
cuanto arreglé el papeleo con Jorge”
La ciudad donde reside Germán se encuentra a unos quinientos kilómetros al oeste, no obstante, ese peculiar hombre de negocios decidió quedarse en Los Santos con la vil intención de profundizar en la tierna carnalidad de su sobrina.
“¿Estaré perdiendo la razón?
Cualquiera a quien le contara mis
sórdidas intenciones, me censuraría
con el mayor de los desprecios”
Sin duda, su reciente viaje a Villaloda, a raíz de la muerte de su padre, trastocó su raciocinio de la mano de Inés.
Esa infartante muchacha zarandeó sus traumas de juventud, destartalando su sólida escala de valores e inoculándole nuevos anhelos pervertidos difíciles de gestionar.
Tan embriagadores fueron sus encuentros con la hija de su archienemigo que llegó a plantearse el mudarse al hogar que le vio crecer para estar cerca de aquella niña.
“Era lo que mi padre hubiera querido:
que volviera al pueblo del que hui,
por eso me dejó la casa en el testamento”
A pesar de ello, la imperativa dedicación que le exigen sus empresas le substrajo de ese lugar y lo trasladó al otro hemisferio, temporalmente, para terminar volviendo a la Península Ibérica en el día de ayer.
“He pensado mucho en Inés
desde que me despedí de ella,
hace un par de semanas;
pero en cuanto vi a Belinda,
en la foto del salón de mi hermano... uff.
La feminidad de aquella niña tiene
algo realmente suculento
que me cautivó en el acto”
Harto de aguantarse la mirada, frente al cristal, emprende la marcha afrontando el sutil desnivel de esa céntrica calle peatonal.
Ajeno a todo lo que le rodea, sigue andando sobre unos pausados pasos pensativos que intentan darle sentido a su secreta presencia en Los Santos.
“No tengo ni idea de lo que pretendo, realmente.
¿De verdad sería capaz de follarme a mi propia
sobrina ocultándole nuestro parentesco?”
Las malignas voces de un morbo incestuoso le susurran versos deshonestos al oído.
La seducción de lo prohibido consigue que su deseo lujurioso transgreda los límites del bien y del mal.
“Lo que ocurrió con Inés todavía me nubla la mente;
como si haberla conseguido a ella me diera el
poder de conseguir a cualquier chica de su edad”
Desde antes de tener uso de razón, Germán siempre ha sentido una taquicárdica devoción por las adolescentes. No obstante, su impopularidad primero y su madurez luego, convirtieron en platónicos tan urgentes anhelos.
“Si hubiera tenido mi primera novia en el instituto...
Si hubiera conocido a alguien para mí en la universidad...
Si hubiera vivido una relación amorosa alguna vez...”
Intenta justificar sus reprobables deseos, pero, en el fondo, sabe que sus intenciones licenciosas vuelven a nutrirse, parcialmente, de cierto ánimo de venganza hacia quien fuera uno de los artífices principales de su trágica adolescencia.
“¿De verdad quiero hacerle a mi propio
hermano lo que le hice a Fabio?
Cuando Jorge me pregunto por los
villanos de mi vida, no se me ocurrió
decirle que él podría ser uno de ellos”
Germán todavía aprieta los puños y presiona su mandíbula cuando recuerda a Diana, su primer amor. Sin duda, se trata de una de las experiencias más dolorosas de su vida.
“Jorge sabía que yo estaba locamente
enamorado de ella, pero ello no le frenó a la
hora de añadirla a su lista de conquistas”
Con cara de pocos amigos, a raíz de sus turbios recuerdos, ese caminante resentido detiene sus pasos frente a un cine que exhibe su cartelera con grandes imágenes, en su fachada.
Una portada en concreto llama su atención causándole cierto disgusto. Se trata de la carátula de la última cinta de Marvel.
“No me gusta la moda de mezclar superhéroes.
Convierte una anomalía excepcional
en algo vulgar y común.
Hoy en día, lo sorprendente es encontrar a
alguien que no tenga superpoderes.
Además, son inevitables los
agravios comparativos”
El último recuadro de esa colorida serie de imágenes permanece huérfano, pues ninguna película se anuncia en ella. El gris neutral que tiñe aquella cuadrícula invita a Germán a elegir la mejor opción para completar la secuencia.
La facunda inventiva del niño que lleva dentro siempre está a punto de dar forma a nuevas fantasías de dudosa congruencia.
“¿Cuál sería el mejor superpoder?
Follarse a las más bellas y jóvenes
muchachas de cada ciudad.
¿Cuál sería el nombre del
superhéroe en cuestión?
... ... ... ... EFEBOTRON”
Sin proponérselo, acaba de contestar retroactivamente a la pregunta que le hizo su hermano, ayer, entre pueriles bromas improvisadas relativas a su nombre secreto. Levanta las cejas y niega con la cabeza con una sonrisa condescendiente.
“¿Efebotron? Estoy muy mal.
Solo me falta imaginar el
argumento de mi propia película”
Vuelve a ponerse en marcha, ya muy cerca de su destino, sin dejar de volar con su infantil imaginación.
Sus ocurrencias disparatadas se debaten entre la ficción y la realidad, pues Germán no descarta llevar a cabo los planes perversos que se están estructurando en su mente.
“El tal Narciso puede ser mi principal obstáculo.
Según Silvia, mi sobrina está
embobada con ese tipo.
Tengo que neutralizarlo”
Romina no se equivocaba acerca de Narciso. Aunque midió sus palabras para no ofender a su mejor amiga, opina que ese chico es un fantasma de la peor clase: se hace el entendido cuando habla sobre cosas que desconoce; se nutre del más vacío postureo cuando se exhibe en las redes; alimenta su ego con las humillaciones ajenas; difama a todo aquel que pueda hacerle sombra; usa las marcas de moda para disfrazarse con un look que, ajeno al confort o la estética, solo busca notoriedad, se entrena en las artes marciales para poder intimidar a cualquiera que se oponga a su tirana actitud…
Sobre el tatami, Narciso acaba de desatar toda su furia contra un desconocido rival que ha terminado dolorido y lesionado.
Esa indisciplinada actitud le ha llevado a la expulsión, pues el instructor no está dispuesto a permitir tanta agresividad en ejercicios puramente técnicos.
Tras ducharse, secarse y vestirse, cierra su taquilla de un portazo y se dispone a salir del local. En el exterior del edificio se encuentra con un sol que ya ha perdido todo su vigor. Este jueves está llegando a su fin, así como el mes de agosto.
Narciso no tiene claro si quiere pagar la cuota de septiembre para seguir con su entrenamiento en este centro.
Anda por la calle, apresuradamente, con ruidosos pensamientos que alteran su estado de ánimo hasta que, de pronto, dentro de su mente, la balsámica presencia de Belinda amansa su bullicioso raciocinio.
La chica saca lo mejor de sí mismo y minimiza el peso de una mochila cargada con la hostilidad de una familia desestructurada.
Germán ha dado con el filón que buscaba. Un par de días de seguimiento le han bastado para hallar el talón de Aquiles de su enemigo.
Satisfecho, revisa las averiguaciones del detective que contrató. Parece que su inversión no ha caído en saco roto.
“No hay nada como tener recursos
para mis disparatadas ideas”
Espera tener listo su plan de ataque antes de que termine este viernes veraniego que finiquitará el mes de agosto.
“Mañana voy a desmenuzar ese noviazgo.
Belinda está a punto de quedar soltera.
Voy a provocar y presenciar
esa ruptura desde muy cerca”
Sentado frente al escritorio de su elegante habitación, termina de diseñar un perfil falso con contenido muy real. En él, hay pruebas gráficas de la furtiva relación que mantiene el novio de su sobrina con una mujer casada.
“Narciso es demasiado narcisista para ser fiel.
Solo he necesitado un poco de tiempo
para encontrar sus trapos sucios”
Para evitar daños colaterales, el nombre de la mujer no es verídico, pero, en ese muro, pueden hallarse evidencias que delatan tanto la fecha como la índole de unos encuentros impropios de alguien que respete a su novia.
“Menuda calidad tiene el objetivo de este investigador.
Solo tengo que hacer zoom y encuadrar la imagen
para que no se note que es una foto robada.
En esta parece, incluso, que miren a cámara”
El sol mañanero del primer sábado de septiembre brilla en un despejado cielo azul, los pajaritos cantan y las flores se balancean, levemente, al compás de una suave brisa estival.
Cogiditos de la mano, una parejita camina feliz al lado del río; por el casco antiguo de la ciudad. Se miran con ojos cómplices mientras toman conciencia de lo afortunados que son de tenerse.
BELINDA: Me siento como la princesa de un cuento de hadas.NARCISO: No es para menos, nena. Realmente, has encontrado a tu príncipe.BELINDA: Quiero estar siempre contigo.
A primera vista, hacen muy buena pareja.
El chico, tres años mayor, es más alto y, aunque está flaco, tiene una constitución muy fibrada que le otorga una notable agilidad en sus combates en el dojo.
La niña, a su tierna edad, destila encanto juvenil por todos los poros de su suave piel quinceañera. Consciente de ello, se ha vuelto muy presumida, e incluso dota a sus andares de un estilo sinuoso y liviano que la viste de cierta mística femenina.
Al otro lado del río, Borja representa la antítesis estética de esa popular pareja de ensueño. Se trata de un chico gordo y lleno de granos que no tiene el menor gusto para vestirse ni el más mínimo estilo postural a la hora de moverse.
Se dispone a cruzar un ancho puente de madera cuando está a punto de chocar con Germán, quien pretendía torcer por la misma trayectoria.
Con un mudo gesto, ambos se ceden el paso respetuosamente, aunque es el chico quien, finalmente, emprende su marcha.
“Ahí está mi sobrina.
!Dios! Pero qué hermosa es.
No puedo permitir que esté en manos de ese...
Nos cruzaremos en cuestión de un momento”
Aunque hoy no lleva corbata, aquel empresario en misión especial no ha perdido su inherente elegancia: pantalones negros de pinza, impoluta camisa blanca, zapatos de ante…
Permanece detenido y con un pie sobre el único escalón que da acceso al puente. Hace como que consulta su móvil para que su estática pose de vigilancia no levante ninguna suspicacia.
Narciso y Belinda se detienen en medio del puente. Miran los patitos, se dedican piropos y se dan besos melosos. No tienen prisa, pues se sienten muy a gusto el uno con el otro.
La secuencia se eterniza nutriendo la tensa espera de Germán.
Concentrado, el tipo aguarda pacientemente la mejor ocasión para delatar a ese muchacho infiel y ahuyentarlo de Belinda.
“No puede ser tan guapa.
Creo que me estoy flipando
con toda esta historia.
Lo que ocurre es que solo
la he visto en fotos o de lejos.
Cuando esté frente a ella,
veré a un ser más creíble”
Sin ninguna razón que vaya más allá de su apariencia angelical, Germán asume que su sobrina debe de encarnar el mejor carácter que pueda tener cualquier chica; una personalidad bondadosa y transparente que esté en consonancia con su incuestionable belleza de pelo castaño.
“Solo necesita que le quite el velo. Su inocencia no
le permite percatarse de con quién está realmente”
Los paternalistas pensamientos de Germán están a punto de salirle por la culata, pues pronto se dará cuenta de que es él mismo quien está razonando como un imberbe mozalbete.
En el otro extremo del puente, Borja regresa con un nutrido helado de vainilla y chocolate en su mano derecha.
Al verlo, Germán recae en la fugaz impresión que le ha sobrevenido, hace tan solo unos minutos, cuando le ha parecido que Belinda miraba con asco a ese goloso caballerete mientras el chico en cuestión se dirigía a la heladería. Un poco contrariado, la justifica:
“Me lo habrá parecido.
Belinda no sería tan superficial
como para juzgar a alguien
solo por su aspecto”
En aquel preciso momento, Germán ve la viga en su propio ojo más que la paja en el ojo ajeno. Así como no acepta que su sobrina pueda condenar a alguien por ser feo, se da cuenta de que él mismo está glorificando la calidad humana de Belinda solo por el hecho de que ella sea tan linda.
Espoleado por tan punzante contradicción, ese meticuloso estratega da sus primeros pasos hacia la pareja con la intención de no postergar más su ofensiva dialéctica.
Cuando todavía le faltan unos pocos metros para llegar a ellos, un inesperado suceso desmonta su abordaje planificado.
Narciso le hace una violenta zancadilla a Borja, quien se desploma, aparatosamente, sobre los listones de madera que conforman el suelo del puente.
La frágil dignidad de ese chico se desparrama, como su helado bicolor, bajo la crueldad de la risa de Belinda, pues la chica no parece demasiado disgustada por haber presenciado tan deleznable agresión.
NARCISO: Pero qué patoso eres, Borja. A ver si miras por dónde vas.BELINDA: Cómo te pasas, cariño. Ja, ja, jah. Eres muuu malo.
El guion de Germán queda desarticulado al momento. De repente, ve a Gërmen Fecal en los ojos llorosos de ese muchacho humillado que se levanta con lentos movimientos; ve a Fabio Aguilar en la petulancia del agresor; ve a Diana en las burlas de su sobrina.
-¿Y tú qué miras?- le escupe Narciso a Germán.
-Veo a alguien que está a punto de comer mierda- le responde solemnemente.
-No me digas- dice él con una presuntuosa sonrisa incrédula -¿Tu mierda?-
-No, no- contesta mirando al suelo -Creo que… … es caca de perro-
Atónita, Belinda asiste como espectadora de lujo a la inesperada intervención de ese elegante desconocido.
Borja, ya de pie, se limpia el grueso de su pringue chocolatero cuando se percata de que su defensor le ofrece un pañuelo.
BORJA: Gracias, señor.GERMÁN: ¿Estás bien?
El chico asiente con gratitud mientras se sitúa a una distancia de seguridad para seguir presenciando la escena.
NARCISO: ¿Me vas a obligar tú a comerme esta cagada?GERMÁN: Tienes la oportunidad de pedirle perdón a este chico.NARCISO: Yo no le pido nunca perdón a nadie por nada.GERMÁN: Pues deberías… … Deberías disculparte con tu chica, Narciso.NARCISO: ¿Cómo?… … ¿Cómo conoces mi nombre?GERMÁN: Te conozco porque soy el marido de la mujer que te estás follando.
Ese giro argumental quiebra el posado engreído de Narciso, y lo descoloca por completo.
Belinda deja de mirar a Germán para clavarle la mirada a su novio, quien se defiende pronunciando unas palabras poco meditadas:
NARCISO: Tú no eres el marido de…BELINDA: ¿El marido de quién?GERMÁN: Eso, Narciso. ¿De quién estamos hablando? ¿De Sofía?NARCISO: ¿Qué? Ella no se llama… … ¿Eh?
Germán arruga su frente, extrañado. No puede creer que ese muchacho le esté poniendo las cosas tan fáciles.
“¿Cómo puede haber tropezado dos
veces con la misma piedra?
!En dos frases!”
Narciso se da cuenta de que se le han cruzado los cables: en lugar de negar su infidelidad o la existencia de dicha mujer, ha negado su nombre y la identidad de su presunto marido.
NARCISO: Belinda, te juro que yo no…GERMÁN: Ni siquiera tú, Belinda, puedes ignorar lo que acaba de ocurrir.BELINDA: Yo no… … es que... … ¿Cómo puede…?NARCISO: No le hagas caso, cariño. Este tío nunca…BELINDA: Sabe tu nombre y…
Por más que lo intenta, Belinda no encuentra ningún argumento que exculpe a su amado príncipe azul.
Al otro lateral del puente, desde un segundo plano, Borja observa ese sketch tan tenso con actitud ventajosa.
Narciso, cada vez más nervioso, siente que su torpeza está a punto de provocar que la situación le explote en las manos.
Por el contrario, la serenidad madura de Germán le otorga toda la credibilidad que le falta a aquel muchacho desquiciado.
-No te apures, niña. Tengo pruebas de la infidelidad que han perpetrado tu novio
y mi mujer, pero, antes, quiero que este individuo se disculpe con… … ¿Borja?-
Germán se voltea para confirmar el nombre de su protegido.
El chico, aún con un poco de chocolate y vainilla manchando su boca, asiente lentamente con los ojos muy abiertos.
Su binario estado de ánimo mezcla el optimismo con el miedo, pues no es la primera vez que se topa con Narciso, y conoce sus malas pulgas y su agresividad arrolladora. No en vano, en el último curso asistían al mismo instituto.
BORJA: Tenga cuidado, señor. No se fie ni un pelo de él.NARCISO: !Tú te callas zampabollos!
Unos pocos transeúntes ocasionales se apresuran a abandonar la escena en vista de una tensión tan creciente.
Cerca de la heladería, una expedición de abuelos franceses descarta su intención de encaminarse por el puente, y optan por seguir la ladera del río, dado que los gritos de Narciso han sonado muy amenazantes, y auguran demasiado peligro a lomos de ese paso elevado.
Un repentino puñetazo abanica la cara de Germán sin llegar a tocarle. Su rápida maniobra evasiva le ha permitido salir indemne de dicha agresión.
Aun así, Narciso no está dispuesto a regresar al diálogo, y descarga una ráfaga de incisivos ataques que saca a relucir la notable destreza defensiva del forastero.
-!Qué cabroón!- exclama Narciso -Te proteges más bien de lo que creía-
-Pues todavía no has probado mis puños- le replica su contrincante.
-!Narciso, para ya!- le implora Belinda visiblemente alterada.
Con una leve basculación rotatoria, Germán pivota sobre su eje vertical haciendo notar su instrucción de combate.
Ya hace años que no se dedica a ello, pero, en su largo proceso de autosuperación, no son pocas las horas que dedicó a perfeccionar su técnica a la vez que desarrollaba sus músculos.
“Vas a saber lo que vale un peine, listillo”
Narciso no esperaba toparse con alguien tan preparado.
En estos momentos, ya es consciente de que no ha evaluado bien la corpulencia de su adversario; aun así, y a pesar de la relevante diferencia entre sus respectivos pesos, el desmedido ego del muchacho le impide dar un solo paso atrás.
GERMÁN: Primero se te han acabado los argumentos verbales y, ahora, empiezas a quedarte sin argumentos físicos… … Enhorabuena.NARCISO: Eso es lo que tú te creeeeeees…
El chico sigue lanzando infructuosos ataques con más fuerza que maña. Si hubiera escuchado más a su instructor, sabría que está descuidando, peligrosamente, sus defensas en pro de una ofensiva demasiado ambiciosa.
Germán, en cambio, bloquea, esquiva y desvía todos esos golpes mientras espera la ocasión más idónea.
En cuanto Narciso le da una pequeña tregua, comprueba el caudal del río, la ubicación de la caca de perro, el numeroso público que se está aglomerando en los dos extremos del puente, las lágrimas en los ojos de Belinda, la emoción en la cara aún manchada de Borja…
El pánico se apodera Narciso en cuando nota cómo la fuerza de su nuevo golpe se vuelve contra sí mismo. Todo ocurre muy deprisa.
Germán le retuerce el brazo y le obliga a inclinarse para terminar derribándolo con una patada certera. Sin verla venir, el chico se ve amorrado a una reciente cagada canina que se esparce por su rostro con una presionada fricción.
La magnitud del consiguiente lamparón fecal deja en una mera anécdota la dulce mancha labial de Borja.
La ultrajante vejación de ese rival vencido solo ha empezado, pues la peor de las afrentas está aún por llegar.
Todavía sin la posibilidad de gesticular su vapuleada ira resentida, Narciso nota cómo su cuerpo se eleva para terminar propulsado más allá de la barandilla del puente.
La vertiginosa caída del chico encuentra un impactante final acuático en las aguas del río Calado; espantando a unos de patos que echa a volar; levantando la ovación de un público numeroso; suscitando la preocupación contrariada de Belinda, desatando el jolgorio más complacido de Borja…
-Estará… … hhh… … Estará bien- le dice Germán a la chica -El río es profundo-
-!¿Pero qué… cómo… por qué…?!- pronuncia ella sin conseguir construir su locución.
-Tenía que defenderme. Ya has visto cómo me atacaba- dice restableciendo su camisa.
Belinda se asoma por los límites del puente para certificar la previsible supervivencia de su novio. Lo encuentra frotándose la cara con ímpetu mientras se mantiene a flote, tímidamente arrastrado por la corriente del río.
GERMÁN: Tardará un poco en volver a subir. Estos muros no parecen fáciles de escalar.BELINDA: Ya… … Pero… … pero…GERMÁN: Narciso está en forma, y el agua está en calma. No sufras. Ahora te toca a ti.BELINDA: ¿A mí? Yo no te he atacado. ¿Es que me vas a tirar a mí también?GERMÁN: No te tiraré si le pides perdón a mi amigo Borja por haberte reído de él. Ha sido muy desconsiderado, por tu parte, unirte a tu novio en sus burlas.
Borja coge aire y mira a esa preciosa moza descompuesta. Antes de que ella pueda emitir sonido alguno, el rollizo oyente se fija en el discreto gesto de su defensor.
Germán le está ofreciendo un nuevo pañuelo de papel al tiempo que se señala el lateral de su propia boca para que el chico localice la ubicación del chocolate en su respectiva cara.
BELINDA: Lo siento, Borja. No debí reírme… … No lo pensé bien.
Insegura y temerosa, la chica vuelve a mirar a Germán.
Él deja de observarla para fijarse en el chico, quien, repartiendo su atención entre sus dos interlocutores, termina asintiendo mediante una sutil mueca de aprobación.
Como si de un sonoro punto final se tratara, ese héroe triunfante da una fuerte palmada que finiquita el asunto.
La atención del gentío ya no recae sobre lo que ocurre en el puente, pues los cómicos intentos estériles de Narciso por abandonar el caudal del río son más interesantes que cualquier conversación civilizada.
GERMÁN: Voy a invitar a este mozuelo a tomar un helado. Si vienes con nosotros, Belinda, te mostraré las pruebas que demuestran el adulterio de tu novio. Te conviene ver lo que tengo antes de plantearte, siquiera, el confiar tu corazón en la palabra de un auténtico mentiroso.NARCISO: !Hijo de la gran puta! !En cuanto salga de aquí te juro que te mato! !Belindah! !Cariñoh! !No te creas nada de lo que digah!
Silvia apaga la luz de la mesilla otorgándole el mandato nocturno a una oscuridad absoluta. Al otro lado de esa vieja cama de matrimonio, Jorge permanece despierto, intentando encontrar la postura más cómoda para conciliar el sueño.
SILVIA: Está muy rara la niña.JORGE: ¿Cuál de ellas?SILVIA: Belinda. ¿Es que no te das cuenta de lo que ocurre en tu casa?JORGE: No he escuchado que dijera nada extraño.SILVIA: No has oído su voz en toda la cena. Ese es el problema.JORGE: Se habrá discutido con el novio. Ya sabes lo que es tener quince años.SILVIA: No me gusta que sea tan retraída. A saber cómo es aquel chico.JORGE: Casi que prefiero no saberlo. Seguro que me pondría histérico.SILVIA: ¿Esta es tu solución? ¿Mirar para otro lado?JORGE: No, pero, por más que le preguntes… Ya sabes que no te dice nada.SILVIA: Es pronto para tener un novio. Espero que no hagan ninguna tontería.JORGE: Solo nos faltaría eso. Otra boca que alimentar. Con lo pobres que estamos.SILVIA: Calla, calla… … No digas eso. Me pongo enferma solo de pensarlo.JORGE: Qué bien nos ha venido el dinero de mi padre. No es que deseara su muerte, pero está claro que nos ha dado mucho oxígeno.SILVIA: Ya fue mala pata que la tragedia te pillara de viaje, en el extranjero.JORGE: Espero que me perdonara por no asistir al entierro; sea cual sea el lugar donde está.
Sobre un césped todavía un poco húmedo, al pie de un edificio nuevo de obra vista, Romina apoya la espalda en la base inclinada de un árbol que, a la vez que sirve de respaldo dorsal, premia con una preciada sombra a quienes yacen a su amparo.
Belinda usa el regazo de su amiga de almohada mientras, tumbada bocarriba, le relata la inédita representación que tuvo lugar ayer, en uno de los puentes que cruzan el río Calado. Construyendo su relato, siente los dedos de Romina peinando su pelo, cariñosamente, a modo de consuelo.
BELINDA: Me duele, pero tú tenías razón.ROMINA: Bueno… … No pensé que mi profecía se cumpliría tan pronto.BELINDA: ¿Qué han sido? ¿Dos? ¿Tres días?ROMINA: Hablamos de eso el… … miércoles, y cortasteis ayer. Tres días.BELINDA: “Siempre” es una palabra demasiado grande. Qué frase tan sabia.ROMINA: Aprende, niña. Lo que te diga tu meja va a misa.BELINDA: ¿A misa? ¿Acaso has pisado una iglesia en tu vida?
Como si algún misterioso poder eclesiástico y omnipresente hubiera escuchado esos comentarios herejes, las campanas de la iglesia empiezan a sonar, a lo lejos, anunciando la misa del domingo; no en vano, ya es mediodía, y la puntualidad de los feligreses suele requerir de apoyo sonoro.
-¿Vamos a rezar?- sugiere Romina, cómicamente.
-Vamos- contestas Belinda sin mover un pelo de su cuerpo.
ROMINA: Era un fantasma.BELINDA: Todavía lo es, que no está muerto.ROMINA: Sí, pero ese hombre le bajó los humos. Narciso tiene suerte que en YouTube no se vea la caca de perro que se comió.BELINDA: Qué vergüenza; y que ciega estaba yo.ROMINA: ¿Y qué salía en las fotos que te enseño ese tío? ¿Había videos también?BELINDA: Videos y fotos. De todo. En algunas llevaba la camiseta que le regalé, así que no podían ser anteriores a mí… … Se veía cómo se enrollaba con esa mujer.ROMINA: Míralo por el lado bueno. El tal Tony te ha librado de un buen fantasma.
Belinda suspira sonoramente ante aquella sugerencia.
ROMINA: ¿Y ese suspiro de enamorada?BELINDA: … … No, no es de enamorada… … Al menos, no de Narciso.ROMINA: Uiuiui… … ¿Qué es lo que me estás diciendo, exactamente?BELINDA: Siempre pensé que se acabaría el mundo si mi novio me dejaba, pero, con todo eso que pasó ayer… … mis penas se mezclan con alivio. Si te digo la verdad, aquel tipo me dejó flipada… … desde el principio.ROMINA: Pero me has dicho que era muy mayor, ¿no?BELINDA: Por eso mismo. A su lado, Narciso parecía un crío: tan inquieto, tan vacilón, tan hostil, tan nervioso y chillón. Tony no necesitó más que una mirada punzante y un tono calmado para acojonarlo. En ningún momento levanto la voz. Le dio un repaso verbal y… … cuando mi novio le atacó… … uff…ROMINA: ¿Te pusiste cachonda, cacho perra?BELINDA: No, no. No. A ver. Yo estaba muy alterada. Pero… … fue algo impresionante. Tan educado, maduro, fuerte, honorable, elegante… luego me acompañó a casa y… … no veas qué cochazo. El tío está forradísimo.ROMINA: Esa es mi meja; siempre con sus elevados valores elitistas y superficiales.
Sin variar demasiado su reposada postura, Belinda, a ciegas, le asesta un enérgico puñetazo cómplice a su amiga.
ROMINA: !Au!… … Me dirás que no. Guapos y ricos: es lo que más te importa.BELINDA: Puede que tengas razón, pero ¿qué le voy a hacer? No me gustan los feos pobres. Aun así, me conmovió la humildad con la que alguien tan aventajado defendió al cutre de Borja; que nos invitara a los dos a tomar helado… … Me hizo gracia que aquel gordo se pidiera uno de leche merengada después de haber echado a perder el de chocolate.ROMINA: A eso se le llama diversificación. Probó más sabores gracias a tu novio.BELINDA: !Mi ex!… … Yo me pedí uno de coco. No veas que bueno.ROMINA: ¿Y Narciso? ¿Consiguió salir del río?BELINDA: Creo que tuvo que nadar mucho para encontrar un sitio donde trepar. O puede que la vergüenza y la humillación no le permitieran volver. No sé, ya no le cojo el teléfono.ROMINA: ¿Te llama mucho?BELINDA: Ayer sí. Hoy ya no. Se ha dado por vencido.ROMINA: Joh. Qué pronto se rinde a la hora de luchar por el amor de su vida. ¿Y tu nuevo galán? ¿qué te contó?BELINDA: Me dijo que tenía tanto dinero que había decidido hacer la vuelta al mundo para distanciarse de lo de su mujer. Me habló de esa tal Sofía, del enfriamiento de su matrimonio, de cuanto añoraba los tiempos en los que tenía mi edad. Me dijo que yo era tan guapa que podría estar con cualquier hombre que escogiera, y que no tenía que conformarme con un pringado pretencioso.ROMINA: ¿Fue entonces cuando se te cayeron las bragas?BELINDA: No, no… … no. No… … Ya las tenía en el suelo cuando me lo dijo. Ja, ja, jah.ROMINA: Como si lo estuviera viendo ahora mismo.BELINDA: Espera, espera. Me ha vibrado el móvil. Será Narciso, ya verás.
Con cierta desidia, la chica desenfunda el teléfono de uno de sus bolsillos y empieza a deslizar su puntiagudo índice sobre el cristal para abrir una charla recién inaugurada.
-!Es él!- proclama Belinda, tensionando sus extremidades.
-¿Quién? ¿Narciso?- pregunta Romina asomándose a la pantalla.
-!NO!- contesta insistiendo en un tono de voz sobredimensionado -!Tony!-
-Pero… … ¿Es que le diste tu número?- se interesa sorprendida.
-Sí, bueno- admite algo avergonzada -Es que, cuando me llevó a mi casa…-
-No me lo puedo creer. !Menuda zorra estás hecha!- exclama indignada.
-¿Me quieres escuchar?-
Belinda fuerza su tendida postura horizontal para poder conectar con la mirada de su amiga. Una vez neutralizada esa interrupción con tintes de reproche, la moza sigue justificándose:
BELINDA: Estuvimos hablando de los problemas que podría causarme Narciso; de que es un tío muy orgulloso; de que no suele aceptar un no por respuesta; de lo grande que fue su humillación; de lo obstinado y violento que es…ROMINA: ¿Te propuso hacerte de guardaespaldas?BELINDA: No, no… … Bueno, sí. En cierto modo. Dijo que se sentiría responsable si…ROMINA: ¿Y qué es lo que dice?BELINDA: … … Estoy leyendo… …
Esa última frase se intercala en una muda vocalización lectora.
Acostumbrada a los burdos modales obscenos de Narciso y demás chicos de su edad, Belinda se siente agasajada ante unas palabras de matices poéticos que masajean, embriagadoramente, su tan sugestivo romanticismo.
Muy de cerca, torciendo su cuello, Romina lee esa tendenciosa conversación mientras los dedos de su amiga teclean ágilmente.
A medida que la charla prospera, Belinda parece estar contagiándose de la corrección ortográfica de su interlocutor, al tiempo que Germán se contagia de la picardía de la niña.
ROMINA: En qué árbol crecen estos tíos. Dímelo que me voy a recoger el mío.BELINDA: Yo creo que se trata de un ejemplar único.ROMINA: Enséñame la foto de perfil, anda.BELINDA: … … Mira que tiarrón.ROMINA: Dios bendito. ¿De verdad es él? ¿Existe de verdad?BELINDA: Claro que sí; aunque te comprendo. Yo tampoco lo creería si no lo conociera en persona.ROMINA: Waaah. Vale… … Pero… … es muy mayor, tía. Podría ser tu padre.BELINDA: Eso todavía me da más morbo.ROMINA: Qué enferma.BELINDA: ¿Es que hay tíos así en el insti? ¿Conoces a algún niño con tanta clase?ROMINA: Pero contéstale ya, ¿no?BELINDA: ¿Y qué le digo? ¿Qué puedo decirle después de algo así?ROMINA: Que tus dulces ojos de miel quieren verle una vez más antes de que se vaya. Y que hace rato que estás chorreando como una perra en celo.
El móvil de Belinda empieza a sonar de improvisto. Los latidos de la muchacha se intensifican y se nutren de cierta ansiedad.
-Hola- saluda ella con una aniñada voz aguda y modosa.
-Hola, Belinda. Perdona que te llame- se disculpa Germán con un tono grueso y varonil.
-No, qué va. Me gusta hablar contigo- dice destilando rubor a cada palabra.
-No quería… … No quería que nuestra última conversación fuera por escrito-
-¿Cuándo te vas?- pregunta con repentina naturalidad.
-Mañana por la mañana asistiré a un congreso de automoción, a las afueras de Los Santos, después emprenderé el camino de vuelta a San Fierro-
Al otro lado del auricular, Germán aprieta los dientes, con los labios muy abiertos, en una mueca que expresa su pavor por haber cometido ese desliz al hablar más de la cuenta.
BELINDA: Yo tengo un tío en San Fierro… … aunque nunca lo he conocido.GERMÁN: Seguro que es un tipo majo. Está lejos, pero si algún día, dentro de unos años, vas a visitarle, podrías pegarme un toque.BELINDA: ¿Dentro de unos años?GERMÁN: No sé cuánto tiempo estaré fuera, y no sé cuánto tardarás en madurar.BELINDA: Eh… … que yo soy una mujer muy madura, ¿vale?GERMÁN: Lo que tú digas, encanto. Puede que sea yo quien te llame, entonces.BELINDA: Te esperaré impaciente.GERMÁN: En tal caso, no te haré esperar demasiado. Hasta pronto, bella linda.BELINDA: Hasta pronto, Tony Stark.
El precioso rostro de la chica permanece, fugazmente, en la pantalla de Germán tras finiquitarse la llamada. Pensativo, el impostor evalúa la frágil discreción que le otorgan sus mentiras.
“¿Tony Stark?
¿En qué pensaba cuando tomé el
nombre de IronMan para mi perfil falso?
¿San Fierro? ¿Congreso de automoción?
Si Belinda se entera de que su tío de San Fierro,
quien ha estado en Los Santos recientemente,
trabaja en el sector de la automoción...
Esa niña no es muy lista, pero podría atar cabos”
Si bien había diseñado un relato ficticio que le permitiera desenmascarar a Narciso, nunca imaginó que, ese mismo sábado, llegaría a compartir tantas confidencias con Belinda.
“No predije la oportuna irrupción de Borja,
la consiguiente agresión de Narciso,
las hirientes burlas de mi sobrina,
el enfrentamiento físico,
la caída de mi rival al río Calado,
la íntima charla que iba a tener con
Belinda, tras invitarla a un helado...”
La anecdótica presencia de Borja no les molestó demasiado, pues, en cuanto se terminó su helado, ese mozalbete agradecido le dio las gracias a Germán, y se encaminó de vuelta hacia su casa.
Por aquel entonces, la conversación ya empezaba a desbordar confianza, y a destapar asuntos muy, muy personales.
“Es curioso cómo una primera
mentira me condujo a la siguiente;
cómo se encadenan los engaños
para terminar haciéndome
prisionero de una realidad ficticia”
Después de conocer en persona a su sobrina, el nublado raciocinio de Germán volvió a la senda de la cordura. Tanto es así que llegó a descartar la futurible consumación de sus anhelos incestuosos, para volver a ser un hombre honorable.
“Cuando se burló de Borja, me sentí legitimado
para soltarle una buena sarta de mentiras, pero,
después de dejarla en su casa, una parte de mí
ya había tomado consciencia de que no era
maldad lo que le permitía ser tan cruel;
era su inconsciencia, su inmadurez, su frivolidad...”
Se sorprende a sí mismo perdiendo la imparcialidad a favor de esa preciosa adolescente que lleva su misma sangre, pues cada vez la mira con mejores ojos y mayor respeto.
“Efebotron está perdiendo sus poderes”
Los ladridos de un perro callejero llaman la atención de aquel superhéroe en horas bajas. Sentado en un banco de madera, a la sombra de un alcornoque, Germán mira ese chucho bullicioso.
Siendo festivo, un buen gentío pasea por el parque en el que se encuentra; peatones que disfrutan de un soleado domingo que empieza a contar los días para que termine el verano.
“Voy a aprovechar el congreso anual
de automoción de Los Santos,
y luego volaré a la otra punta
del mundo para afrontar el
juicio contra mis socios”
El desasosiego castiga a Germán de la mano de su lado más travieso y lujurioso; una faceta suya que se niega a aceptar que lo de Inés fuera tan solo una singularidad irrepetible en una vida formal y correcta.
-Un golfo en el campo de golf-
Germán había escuchado que este congreso era una gran oportunidad para los profesionales de su ramo; no obstante, la jornada no está siendo tan fructífera como había previsto y, a estas alturas, ese empresario ya está contemplando la posibilidad de abandonar el recinto prematuramente.
Se ha encontrado con un viejo conocido de Fuerte Castillo. Se trata de Justo; un alto cargo de una gran empresa del sector.
Han coincidido, casualmente, en el bar de las instalaciones, y, después de despotricar contra los chinos y contra los daños colaterales de la globalización y la deslocalización, han empezado a tratar temas más personales.
JUSTO: No me tengas envidia. Tener una familia no es un chollo. Te lo venden como algo inherente al ser humano, pero, a veces… Mejor me callo.GERMÁN: Me recuerdas a mi hermano. Él también tiene una hija adolescente.JUSTO: No me hables de la adolescencia; es la única enfermedad que no sufren los infectados, sino los adultos que andamos cerca. Mi Ainara me tiene frito.
Ese bonito nombre es todo lo que Germán necesita para empezar a fantasear delante del padre de la chica en cuestión, mientras escucha sus aburridos inconvenientes domésticos. Una discreta sacudida de cabeza le insta a volver al mundo real; al presente de este lunes festivo.
GERMÁN: Me voy a ir. Llevo días desatendiendo mis asuntos laborales.JUSTO: ¿Es que esto de aquí no son asuntos laborales para ti?GERMÁN: Sí, sí, pero, en realidad, solo he venido porque me ha pillado cerca. Tengo algunos embrollos más urgentes que requieren de mi atención.JUSTO: ¿Eso que me has contado de tus socios?GERMÁN: En parte. Sí. Oye. Me ha encantado encontrarte por aquí. A ver si volvemos a coincidir alguna vez. El mundo es un pañuelo, así que…JUSTO: Claro, claro. Ya verás… … Déjame invitarte, vamos.
Justo ha reaccionado rápido en cuanto ha visto que Germán se palpaba en busca de su cartera. Le cae bien ese tipo. Le hace gracia pensar que crecieron en localidades vecinas, a más de quinientos kilómetros de donde ahora se encuentran.
Germán le dedica una mirada agradecida, y sorbe el último trago de su copa antes de encaminarse hacia el parking.
Ya a unos metros, a modo de despedida, le profiere un gesto a Justo, quien responde de manera simétrica.
“Ainara debe de estar buena.
Puede que tenga la edad de Belinda e Inés.
Me pongo cardíaco con estas niñas tan jóvenes.
Menudo depravado estoy hecho”
Durante más de dos décadas, a ese hombre le resultó relativamente fácil mantener sus perversiones a buen recaudo; pero no es ningún secreto que las chicas más jóvenes se han aficionado, en los últimos años, a exhibirse más de la cuenta, sobre todo en verano, en una moda que no parece ser pasajera.
“¿Será culpa de las redes sociales?
¿De la permisividad de los padres?
¿Del empoderamiento de la mujer?”
Intenta recordar dónde ha aparcado su coche mientras anda por el asfalto de ese gran aparcamiento al aire libre. Sin duda, tan espacioso recinto no tendría cabida en el centro de Los Santos. Aun así, resulta inusual una ubicación tan periférica.
Esta vez, Germán ha alquilado un coche más deportivo que el que usó para desplazarse a Villaloda, el mes pasado. Se trata de un Lotus descapotable de color gris y negro.
“¿Es que pensaba correr en alguna
competición durante el viaje?
¿Intentaba impresionar a mi hermano
cuando escogí este auto?”
Jorge no llegó a ver el coche en cuestión, pues Germán no quiso forzar la ocasión en su encuentro de hace casi una semana.
Ya dentro del vehículo, se abrocha el cinturón, y arranca ese viril motor hambriento de gasolina.
“A ver si ahora me aclaro con el G.P.S.
No estoy muy situado, la verdad”
Tras una serie de apresuradas maniobras, ese flamante bólido sale del parking, y se encamina por una ancha carretera poco transitada y rodeada de vegetación.
En plena aceleración, Germán advierte una presencia femenina sentada en la acera.
“!Menuda estampa! Ya me vienen palpitaciones.
¿Qué hace esta chica sola por estos lares?
Espera... ... ¿No es...?... ... !SÍ!”
Un frenazo detiene el coche en seco, muy cerca de esa doncella desamparada, quien se asusta a raíz de tan escueto derrape. El elevalunas eléctrico hace descender el cristal del copiloto facilitando el contacto visual entre conductor y la transeúnte.
-!Belinda! ¿Qué haces tú aquí?- pregunta sin dar crédito a lo que ven sus ojos.
-!Tony! No me lo puedo creer- responde con una sorpresa todavía más mayúscula.
-Sube, anda- le ordena mientras le abre la puerta -¿Cómo has venido?-
-En bus- responde ella ya ocupando la plaza del acompañante, tras cerrar la puerta.
Germán emprende la marcha en dirección al centro de Los Santos. Todavía no comprende el motivo que ha propiciado esa feliz coincidencia. Extrañado, no deja de mirar a la nena.
BELINDA: Quería llamarte, pero se me ha muerto el móvil. Sabía que andabas por aquí, y pensaba darte una sorpresa, pero la recepcionista no me ha dejado entrar en la convención, la muy guarra.GERMÁN: Es que no tienes aspecto de una profesional de la automoción.BELINDA: Da igual. Le he dicho que venía a ver a mi tío, Tony Stark, pero no me ha creído. Me ha dicho que no estaba invitada, y me quería cobrar un pastizal por la entrada. No llevo mucho dinero encima, y luego… El puto móvil…GERMÁN: ¿Te has quedado sin batería?BELINDA: !Qué vaaah! Si está a tope. No sé qué le ha pasado; y no se reinicia.
“¿En serio? ¿”Mi TÍO, Tony Stark”?
¿Esta niña se cree que se trata de un nombre verídico?
¿Es que no conoce el alter ego de IronMan?”
BELINDA: A lo mejor me ha tomado por una puta, esa tía. ¿Hay putas en estos sitios?GERMÁN: Eres demasiado joven para ser una puta, y tu ropa…BELINDA: ¿Qué pasa? ¿Es que no voy lo suficientemente provocativa?GERMÁN: Será mejor que no te diga que es lo que me provoca esta ropa tan corta.
Belinda sonríe complacida. No necesita indagar demasiado en el asunto, pues ya conoce la respuesta. El efecto que causa su manceba hermosura en los varones la acompaña durante todo el año, pero es mucho más notorio en verano. Sin embargo, nadie como su tío se ve afectado por ese arrollador embrujo.
BELINDA: Pensaba que estas cosas duraban todo el día.GERMÁN: Así es, pero no me estaba cundiendo demasiado y…BELINDA: Entonces… … ¿Tendrás un poco de tiempo para mí?GERMÁN: La verdad… … pensaba irme al aeropuerto después de dejarte en tu casa.BELINDA: Esa no me parece una buena idea.GERMÁN: ¿Es que tienes un plan mejor?BELINDA: Me está viniendo… … lo noto… … ya llega… … Mira:
La chica le indica el cartel que están a punto de rebasar, a un lateral de la carretera, junto a una señal que da la bienvenida a Los Santos.
El anuncio en cuestión promociona un campo de golf.
GERMÁN: ¿Golf? ¿En serio? ¿Acaso has jugado alguna vez?BELINDA: !Claro! Soy una fanática de este deporte.GERMÁN: A ver: nómbrame a un jugador.BELINDA: … … Emmmh… … mmmmmh… … Vale, me has pillado. Pero quiero ir igual.
Belinda es una niña espontánea a quien le gusta improvisar todo el tiempo.
Sin duda, sus impulsos irracionales son la antítesis del siempre programado devenir de la agenda de su tío, pues Germán suele actuar en pro de un plan muy meditado.
Un poco dubitativo, el conductor mira hacia el cielo para divisar unas abundantes nubes blancas que parecen dispuestas a acompañarles, y a protegerles del azote del sol.
GERMÁN: De acuerdo. Tú ganas.BELINDA: Pagas tú, ¿eh? Ya te he dicho que no llevo mucho dinero.GERMÁN: ¿Cómo no?BELINDA: Y quita la capota. Mira que conducir un descapotable como este y no…
Los imperativos caprichos de esa sobrina consentida se suceden, animosamente, encandilando a su tío. Germán no es capaz de negarle ninguno de ellos.
Belinda se muestra cada vez más risueña:
-Así, así nos da el airecito. Más rápido- mientras levanta los brazos -¡Más rápidoOh!
!!UuuuUuuuUuuuUh!!
[…]
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